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Un nuevo estudio sugiere que la mala identificación de los olores y la mala función olfativa auto-informada, se asocian con una mayor probabilidad de mortalidad futura, independientemente del estado de demencia.

Investigadores de la Universidad de Umeå (Suecia), de la Universidad de Estocolmo (Suecia) y de otras instituciones, llevaron a cabo un estudio prospectivo en el que participaron 1.774 adultos (40-90 años de edad), sin demencia al inicio del estudio, con el fin de determinar si la demencia podría explicar la asociación conocida entre el mal desempeño olfativo y el riesgo de mortalidad. Los investigadores evaluaron el desempeño olfativo mediante la prueba escandinava de identificación de olores (SOIT) y la función olfativa auto-reportada y anotaron los factores de riesgo sociales, cognitivos y médicos señalados al inicio; finalmente, siguieron la demencia incidente durante la década siguiente.

Los resultados revelaron que, durante el período de estudio, 411 de los participantes (23%) murieron. Después de controlar para los factores de confusión demográficos, relacionados con la salud y cognitivos, cada olor adicional, correctamente identificado, disminuyó el riesgo de mortalidad en un 8%. Los individuos con resultados de nivel de azar en las pruebas de SOIT (indicando una pérdida olfatoria completa) tenían un riesgo de muerte 19% mayor que los individuos con función olfativa normal. La asociación entre la puntuación de SOIT y la mortalidad se mantuvo después de controlar para la conversión de la demencia, antes de la muerte. El estudio fue publicado el 22 de marzo de 2017, en la revista Journal of the American Geriatrics Society.

“Los resultados contribuyen a la creciente evidencia de que las evaluaciones olfativas pueden proporcionar ideas sobre el envejecimiento del cerebro”, dijo el autor principal, el profesor Jonas Olofsson, PhD, del departamento de psicología de la Universidad de Estocolmo. “Nuestros resultados no fueron explicados por la demencia, que estaba previamente asociada a la pérdida del olfato. En cambio, el riesgo de mortalidad se predijo únicamente por la pérdida de olor. En nuestra investigación futura, trataremos de identificar los procesos biológicos que pueden explicar este fenómeno”.

Los estudios de autopsia han relacionado la pérdida olfatoria (anosmia) con las placas y ovillos en el bulbo olfatorio, la corteza entorrina y las regiones cornu ammonis del hipocampo. Los niveles reducidos de colina acetil transferasa y de dopamina en el tubérculo olfatorio y otras regiones cerebrales, también pueden desempeñar un papel, así como la disminución de la noradrenalina debido a la neurodegeneración en el bulbo olfatorio. La anosmia ha sido relacionada previamente con el deterioro cognitivo, el deterioro cognitivo leve (DCL) y la enfermedad de Alzheimer (EA).

Por el equipo editorial de HospiMedica en español
Actualizado el 01 May 2017

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